Comunicado Somatemps.

PERDONAMOS, PERO NO OLVIDAMOS:

¡OTEGUI KANPORA DE CATALUÑA!

 

La asociación SOMATEMPS condena firmemente la presencia del etarra Arnaldo Otegui en Cataluña. Igualmente condena a los partidos e instituciones que han colaborado en esta ofensa para las 54 víctimas mortales de ETA en nuestra tierra, para con sus familiares y para con todos los catalanes de buena fe.

Quizá el mejor homenaje a las víctimas fuera nuestra presencia en silencio. Un silencio de esos que llegan hasta lo más profundo de la conciencia y hablan, por no decir gimen, por sí solos.

Pero esta tarde fría, no venimos sólo a homenajear a las víctimas, sino a cumplir con nuestro deber como catalanes de rechazar contundentemente la presencia de uno de los cooperadores necesarios para que tanto dolor y sufrimiento se extendiera por nuestro Principado. Y los que aquí estamos, con toda legitimidad podemos gritar: ¡Otegui Fora de Catalunya! ¡No volem assassins disfressats de demòcrates!

Los que defienden el Principio de autodeterminación, por qué ocultan y niegan el Derecho a la vida de los inocentes. ¿Está ese absurdo principio esgrimido por los separatistas por encima del Derecho a la vida de otros? Y a los señores David Fernández y Errejón que acompañan a Arnaldo Otegui en este ciclo de conferencias en el Ateneo de Barcelona, les decimos: ¿Nos queréis dar lecciones de libertad política, cuando os codeáis con asesinos que nunca han mostrado arrepentimiento público de sus actos criminales?

Entre las asociaciones aquí congregadas, nos han pedido a la asociación SOMATEMPS que recordemos la sangrienta huella de ETA en el Principado de Cataluña. Esto también es parte de la memoria histórica; pero no de la “memoria histórica” que algunos defienden precisamente para que se olviden hechos como los que pasamos a relatar:

6 de junio de 1975. Un comando etarra, después de atracar una sucursal bancaria, se enfrenta a un coche patrulla resultando asesinado el policía nacional Ovidio López Díaz.

14 de octubre de 1986. Estalla un coche bomba en la Plaza de España y cercena la vida del policía nacional Ángel González Pozo.

27 de marzo de 1987. El guardia civil Antonio González Herrero muere destrozado cuando estalla en el puerto de Barcelona una bomba colocada en una furgoneta.

2 de abril de 1987. Juan Fructuoso Gómez, técnico industrial, fue alcanzado de lleno por la explosión de un coche-bomba en la Avenida Meridiana, destinado a un coche de la Guardia Civil. La explosión fue tan tremenda que lanzó su cuerpo a 30 metros de distancia.

19 de junio de 1987. Veintiuna personas de condición obrera mueren en el centro comercial Hipercor de Barcelona al estallar 20 kilos de amonal en el sótano-aparcamiento del establecimiento. Este atentado es el que más víctimas ha causado de los perpetrados por ETA en toda su historia. Su recuerdo siempre permanecerá en nuestra memoria.

8 de diciembre de 1990. En Sabadell, un coche bomba explota al paso de un furgón policial, dejando seis policías nacionales asesinados.

29 de mayo de 1991. Atentado en la casa cuartel de Vich, con la ayuda del terrorista catalán Joan Carles Monteagudo (ex miembro de Terra Lliure). Un coche-bomba causa la muerte de nueve personas, entre ellas cuatro niñas de entre 7 y 14 años.

13 de diciembre de 1991. Dos policías nacionales, José Garrido y Francisco Javier Delgado, de 27 y 28 años respectivamente, son tiroteados a bocajarro en un comercio de Les Corts.

8 de enero de 1992. El comandante del Ejército del Aire Arturo Anguera Vallés fallece cuando un “comando itinerante” de ETA acribilla su coche el barrio de Poble Sec.

16 de enero de 1992. Dos suboficiales del Ejército de Tierra pertenecientes al cuerpo de Música del Gobierno Militar de Barcelona, el brigada Virgio Más Navarro y el sargento primero Juan Querol Queralt, mueren ametrallados por ETA en las cercanías del cuartel de El Bruch.

19 de marzo de 1992. El artificiero de la Guardia Civil Enrique Martínez Hernández, de 30 años, pierde la vida al estallar un coche-trampa, en Llisà d’Amunt. Ocho horas después el vecino de Sabadell Antonio José Martos, de 27 años y de profesión albañil, muere dirigiéndose a trabajar al hacer explosión en Sant Quirze del Vallés un coche-bomba.

15 de agosto de 1993. Explotan dos artefactos de ETA en dos restaurantes del Puerto Olímpico la “La Galerna” y “El Túnel del Port”. Una de las efectadas perdió el hijo que esperaba.

7 de febrero de 1994. El coronel Leopoldo García Campos, de 59 años, es asesinado de dos tiros en la cabeza por dos pistoleros en Sants.

18 de abril de 1994. ETA lanza tres granadas por ETA contra el Gobierno Militar de Barcelona. Mata a un inocente transeúnte, Vicente Beti Montesinos.

21 de septiembre de 2000. Dos pistoleros de ETA disparan en la nuca a José Luis Ruiz Casado, concejal del PP en Sant Adria de Besós, rematándole en el suelo.

21 de noviembre de 2000. Asesinado de dos tiros en la nuca el ex ministro de Sanidad socialista Ernest Lluch en el garaje de su domicilio en Barcelona.

14 de diciembre de 2000. El concejal del PP en el ayuntamiento de Viladecavalls, Francisco Cano Consuegra, muere al explotar una bomba colocada en uno de los asientos de su coche.

20 de diciembre de 2000. El guardia municipal Juan Miguel Gervilla es asesinado en Barcelona de dos tiros, en la cabeza y el tórax.

17 de marzo de 2001. El mosso d’Esquadra Santos Santamaría Avedaño murió por la explosión de un coche bomba en Roses (Gerona), cuando formaba un cordón de seguridad.

Hasta aquí la descripción de los hechos sangrientos de ETA en Cataluña. Decimos hechos, porque las muertes fueron reales. No son cifras, no son estadísticas. Eran personas con sus familias, ilusiones y proyectos y su vida les fue arrebatada injustamente. No podemos considerarlas “daños colaterales”, ni moneda de cambio político. No son sombras ni recuerdos que deben perderse para que las comanditas y politiqueos queden interrumpidos. ¡Su sangre no puede ser estéril! ¡Su olvido no puede estar al servicio de ningún proyecto político!

Nuestro compromiso es no olvidar nunca la sangre derramada injustamente por los terroristas; al igual que exigir una reparación de su honor ante los que los ofenden invitando a nuestra querida Cataluña a asesinos irredentos. Perdonamos, sí, porque así nos lo exige la recta conciencia, pero NO OLVIDAMOS, pues así lo demanda la justicia y el deber de reparación.

Mientras existan catalanes honrados, siempre podremos gritar:

¡VUESTRA SANGRE DERRAMADA, JAMÁS SERÁ OLVIDADA!

 

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