Agencia Almanar Según un reportaje publicado en la revista norteamericana Forbes, aunque Arabia Saudí continúa siendo la mayor exportadora de petróleo del mundo, su capacidad para influir en los mercados globales se ha reducido enormemente.

Según Forbes, muchos factores han contribuido a debilitar el papel saudí en el mercado petrolífero internacional, pero el primero ha sido su decisión de incrementar la producción en noviembre de 2014 para dañar las economías de Rusia e Irán abandonando así su tradicional papel de buscar un equilibrio en los precios. El segundo objetivo de aquella decisión saudí fue el de intentar bloquear la producción de petróleo y gas de esquisto en EEUU a través de hacer su precio poco o nada competitivo.

Por tales motivos, Arabia Saudí ha estado produciendo demasiado petróleo hasta llegar a un nivel sin precedentes en julio. Los saudíes habían expresado su esperanza de que este paso bloquease el camino de la producción de petróleo de esquisto en EEUU. Sin embargo, tales apuestas han fracasado.

Sin embargo, la producción estadounidense no ha disminuido. De hecho, según un informe de Goldman Sachs dado a conocer en septiembre, la producción de petróleo en EEUU podría incrementarse hasta en 700.000 barriles a finales del próximo año.

Además, la decisión saudí de aumentar la producción ha tenido efectos perversos sobre la economía del reino dado que incrementado el coste de producción del crudo en relación a los precios de venta, ha aumentado el déficit presupuestario saudí y ha hecho caer las reservas de divisas del reino wahabí. Asimismo, ha obligado al gobierno saudí a aprobar duras medidas de austeridad que han provocado un considerable rechazo por parte de la población.

La revista se pregunta si las cosas continuarán yendo de mal en peor para los saudíes. En este sentido, ella cita la declaración del nuevo viceministro de Economía saudí, Mohammad Tuwaiyri, que dijo en una rara aparición en la televisión nacional saudí a finales de octubre que si Arabia Saudí no ponía en práctica medidas de reforma y el estado de la economía global continuaba siendo el mismo, el reino estaba condenado a una bancarrota en 3 o 4 años.

Por su parte, el ministro de Finanzas, Ibrahim al Assaf, que se mantiene en el cargo desde 1996, defendió las políticas de austeridad del gobierno, pero reconoció que, al parecer, ellas no serían suficients. Sin embargo, él fue destituido por la familia real poco después de tales declaraciones porque ellas pusieron de manifiesto la dramática situación económica de Arabia Saudí.

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