El apoyo de bastiones como Hayange podría decidir el destino de Le Pen. 

Digitales. La población francesa de Hayange, que es ahora el bastión del Frente Nacional, está repleta de recuerdos de tiempos mejores. La familia Wendel, que trabajaban la siderurgia, construyó un auditorio y una ostentosa iglesia. Pero la familia abandonó el pueblo en 1978 y, hace tres años, se cerró la última fábrica siderúrgica.

“El futuro ya no es tan prometedor para los jóvenes,” opina Delphine Nigro, un habitante de 77 años que recuerda con melancolía la era dorada en la que había tanto trabajo.

Tras la desindustrialización de Hayange, el Frente Nacional logró la alcaldía en 2014.

En los últimos dos años, el Frente Nacional se ha esforzado por obtener el apoyo de la clase obrera. Le Pen depende de la movilización de los trabajadores decepcionados con el Gobierno para mejorar los resultados de las estadísticas.

“El partido explica la decepción con dos motivos: Europa no ha protegido sus trabajos frente a la globalización ni su forma de vida frente a los inmigrantes musulmanes,” declara Bruno Cautrès, investigador de Ciencias Políticas en Cevipof.

Esta semana el presidente François Hollande hizo frente a la ira de la clase trabajadora cuando el sindicato del sector siderúrgico arruinó su visita a la ciudad de Florange.

A nivel nacional, según la última encuesta de Cevipof, el 45% de los obreros y el 38% de los desempleados o de los jóvenes que buscan su primer trabajo piensan votar a Le Pen.

En Hayange, se ha acentuado el euroesceptismo por el relativo éxito del país vecino, Luxemburgo, que cuenta con más puestos de trabajo y mayores salarios.

Votar al FN ya no es un tabú y, en su intento por demostrar credibilidad, el alcalde de Hayange, Fabien Engelmann ha evitado tomar decisiones arriesgadas. Aunque algunas de sus iniciativas han causado polémica, como la feria anual del cerdo, que los detractores describen como islamófoba, o como su intento por desalojar a una organización benéfica que ayuda a los migrantes.

La crisis migratoria en Europa también ha inquietado a la región de Mosela. Hace unos años, el Gobierno reubicó a los migrantes procedente de los Balcanes en un hotel cercano a la iglesia. Ahora el hotel ha cerrado, pero a los migrantes se les ha ofrecido alojamiento en otra parte de la ciudad.

Nelly Zdun, quiosquera de la ciudad e hija de inmigrantes polacos, declara que prefiere votar a Le Pen que a Hollande en las próximas elecciones presidenciales, puesto que culpa al presidente socialista del aumento de los impuestos.

Aunque añade que también votaría a Nicolas Sarkozy, el exlíder de centroderecha, o que quizá le daría una oportunidad a Emmanuel Macro, exministro de Economía de Hollande.

Comentarios como el suyo hacen difícil realizar una valoración fiable sobre del apoyo que recibiría el Frente Nacional por parte de los votantes decepcionados con la izquierda tradicional pero tentados por los políticos que quieren cambiar la situación actual.

Yves Pierrot, exdirector de un colegio, se considera de izquierdas y nada partidario del Frente Nacional. Pero culpa al Gobierno socialista por su relativo cambio a favor de las empresas y por su falta de decisiones contra el extremismo islámico.

En parte, ve a Le Pen como “la única que transmite esperanza” y opina que su elección como presidenta provocará una reacción que beneficiará a la inepta clase política.

“Realmente necesitamos comenzar sobre unos nuevos cimientos,” opina Pierron.

Fuente: Financial Times.

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