img_0447Opinión. El éxito de Alternative für Deurschland (AfD) el pasado domingo en el estado de Mecklemburgo-Anteporema, superando por primera vez a la CDU de Merkel y consolidándose como segunda fuerza, ha vuelto a dar motivo para que nuestros bienpensantes y mal llamados periodistas echen espumarajos por la boca. En ningún titular ha faltado la etiqueta de extrema derecha o xenofobia intentando desacreditar a los soberanistas alemanes y a sus mismos votantes. Pero bien está librarse de la porquería, no se atraganten y la abofeteada Emperatriz y el resto de élites europeas se queden sin camareros.

Nada nuevo. Desde hace años, los actores de las instituciones han mostrado su preocupación porque la sociedad civil se atreva a cuestionar sus dogmas. Tal es así que utilizan a la prensa como cacique para hacerles y manejar su opinión. De demonizar a la AfD y los que nos congratulamos de su victoria se trata ahora, como tantas veces han hecho con los que hemos osado contradecir una sola de sus posiciones colocándonos la sofocada etiqueta de fascista o ultraderechista. También la ETA lo hacía con quienes suponían un escollo en el camino de la satisfacción de sus feroces pasiones atávicas mientras anotaban con la mirada a quienes designaban la muerte. Ya no funciona.

Y la canciller compareció. Lo hizo en la Cumbre del G-20 que se celebró el lunes en la ciudad china de Hangzhou, por videoconferencia –que está de moda-, preocupada, como cuando una ve que su imperio se desmorona para deleite de los sentidos de cualquier patriota. No ocultó su descontento, pero tampoco se arrepintió, que más vale morir de pie: «la base de las decisiones adoptadas en los últimos meses es correcta», entonó tras ser derrotada por los identitarios de AfD en su propio estado natal. «Volvería a hacer lo mismo», insistió Angela Merkel sobre su política de puertas abiertas, cuyo costo paga hoy en las urnas. No muy alto.Los eurodiputados del PP no tardaron en alertar del aumento de los “movimientos populistas” en toda la Unión Europea calificándolos de «grave amenaza para el proyecto comunitario». ¡A la orden, Emperatriz!.

Pero de desmentir trolas de una prensa al servicio de la oligarquía europea se trata. La realidad es muy distinta, al menos para cualquiera que se haya molestado en traducir al castellano un programa que sin dificultad haría mío. AfD es un partido que surge en 2013 como reacción a las fatales políticas migratorias y económicas de la eurozona; acérrimo defensor de la familia tradicional como base de la sociedad, hostil a las cuotas de género y contrario a la confiscación fiscal. No son tibios, en su programa se lee claramente “el Islam no pertenece a Alemania”, y su avance consolida una alternativa como protagonista de una nueva Europa. Identitaria.

En España nos costará más. Otro logro del 78, para beneficio de los zurdos. Fuente: mediterraneodigital.com.

Por Inma Sequí Serrano.

Vicesecretaria Nacional de Juventud de VOX.

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