hoferActuall.com. La elección de presidente en Austria y el referéndum en Hungría sobre las cuotas de refugiados el mismo día pueden dar la puntilla a un proyecto europeísta cada vez más impopular.

Cuando escribo este artículo, la prensa de papel de pago española sigue enfrascada en la investidura de Mariano Rajoy, el nuevo Gobierno y las terceras elecciones generales, así como las elecciones a los parlamentos regionales gallego y vasco. Es decir, en asuntos que aburren a su menguante audiencia.

Con menos páginas, menos publicidad, menos ventas y menos redactores, los directores se‘comen’ verdaderas noticias para dar declaraciones de perfectos don nadies o publicar confidencias de ‘apparátchiks’ de los partidos que exigen el secreto para hablar con los periodistas.

Una de estas noticias que la prensa y los demás medios de comunicación cubrirán de manera espasmódica entre la víspera y dos días después, y con las mismas frases hechas, para luego depositarla en la papelera es la de las dos elecciones que se producirán en Austria y Hungría el domingo 2 de octubre.

Austria repetirá la segunda vueltas de las elecciones presidenciales celebradas el 22 de mayo entre el candidato de la partitocracia (el socialdemócrata, el popular, el verde…) y la prensa nacional y extranjera, el funcionario y ecologista Alexander Van der Bellen, y el candidato del FPOE (Partido de la Libertad; no es culpa mía, se llama así desde 1956) Norbert Hofer.Van der Bellen ganó en el voto por correo, cuyo recuento impugnó el FPOE por numerosas irregularidades. El Tribunal Constitucional dio la razón al FPOE y ordenó la repetición de las elecciones.

Y en Hungría se celebrará un referéndum sobre las cuotas de refugiados por países que aprobaron los Veintiocho por mayoría cualificada. El primer ministro, Viktor Orban, se opuso hace ya un año al discurso buenista sobre la oleada de refugiados que salió de la Turquía de Erdogan y sobre la apertura de fronteras, tal como hizo la canciller alemana Angela Merkel.

Orban fue atacado por todo los personajes de la super-clase mundial, como el plutócrata George Soros y el semanario The Economist, así como los políticos europeos, aunque luego algunos (en Austria, precisamente) aplicaron sus medidas de control de fronteras para enfrentarse al caos.

Ya no se confía en los Gobiernos

La coincidencia de ambas votaciones y el probable resultado en ellas favorable a la elección de Hofer y al rechazo a las cuotas de inmigrantes constituirá otra rebelión de los pueblos europeos contra Bruselas y contra sus partitocracias, a la manera del inesperado triunfo del Brexit en el Reino Unido.

Desde el estallido de la Gran Crisis en 2008, en la que todavía permanecemos, los motivos de enfado se han acumulado entre los ciudadanos: éstos siguen pagando impuestos para mantener el Estado de Bienestar mientras las partitocracias no reducen ni sus privilegios ni sus sistemas clientelares; frente al invierno demográfico, los Estados y sus voceros mediáticos fomentan la inmigración musulmana, asiática y africana, en vez de la natalidad propia; ante el estancamiento económico, las partitocracias fomentan la ideología de géneropara controlar todavía más a sus poblaciones; se gobierna para minorías gritonas por medio de la estrategia de la ampliación de derechos (que tan bien conocemos en España gracias al PSOE de Zapatero); se desprecia al cristianismo y se promueve el islam…

Un ejemplo de los mundos separados en que viven gobernantes y gobernados fue la reacción en Twitter a la comunicación por la vicepresidenta en funciones Soraya Sáenz de Santamaría de que “se incluyen por primera vez a los refugiados como colectivo prioritario” en el Plan Anual de Empleo. ¿Por encima de los parados españoles de más de 50 años que no encuentran trabajo?

Todo el malestar de las personas, así como el obvio fracaso de estas políticas, son expulsados del debate público por el autopresentado como periodismo serio, el que se expresa en los medios tradicionales, y que ya es íntegramente socialdemócrata. Debido a lacorrección política importada de EEUU, editores, políticos, funcionarios y académicos coinciden en que hay asuntos en nuestras sociedades aparentemente democráticas sobre los que no se debe discutir, porque hay un consenso, o sea una verdad oficial, al igual que, por ejemplo, sobre la guerra civil española.

Y al igual que el consenso sobre la guerra civil, el consenso progresista se está resquebrajando golpeado por los martillos pilones de los hechos. En Alemania y Francia la policía y la prensa se han confabulado para ocultar los delitos cometidos por los refugiados a los que la partitocracia sigue dando la bienvenida y por los terroristas islámicos. Pero la mentira oficial, como la difundida por la URSS y otras tiranías comunistas en Europa, se desmorona y con ella la anterior confianza de los pueblos en sus dirigentes. Así se explica el hundimiento de los partidos socialdemócratas y el ascenso de los partidos tachados de populistas.

Las amenazas ya no asustan

A pesar de las amenazas y las súplicas hechas por el presidente de EEUU y el presidente de la Comisión Europea, por el Banco de Inglaterra, por la banca de inversión (la misma que provocó la Gran Crisis), por los partidos tradicionales y por simpáticos multimillonarios, los británicos optaron por el Brexit.

De producirse los resultados que cabe esperar, la clase directora, burocrática y opinativa será incapaz de reconocer que se ha equivocado y que ha sido, de nuevo, censurada por la clase que paga impuestos. Su respuesta, será la habitual: “¡Más Europa!”, aunque los pacientes hayan dicho que no quieren ese potaje.

Para otros, en cambio, el 2 de octubre se convertirá en el Día de la Independencia de Europa. Al menos de los pueblos europeos contra una casta tan ciega como obtusa.

Y el año que viene, elecciones en Francia y Alemania.

 

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