orbanmerkelAgencias. Una nueva alianza -una conspiración, lo llaman ya algunos- se perfila en el mapa de una Europa convulsa por la crisis de los refugiados: la Hungría de Víktor Orbán y la Polonia gobernada por el Partido Ley y Justicia. El objetivo sería constituir un ‘eje de resistencia’ dentro de la UE contra la actual política de Berlín.

No hay nada oficial, pero la semana pasada Orbán estuvo reunido durante seis horas con el hombre fuerte de la política polaca,Jaroslaw Kaczynski, en el Castillo de Niedzica, en la Polonia del sur. Aunque se desconoce acuerdo alguno o el detalle de las conversaciones, no es difícil ver lo que ambos países tienen en común, aparte de pertenecer ambos a la Unión Europea: un pasado de opresión bajo el comunismo y de lucha por la libertad, unfuerte sesgo patriótico e identitario y el aborrecimiento mal disimulado de los eurócratas de Bruselas, que han amenazado a ambos países con sanciones por su postura contraria a aceptar refugiados ‘sirios’ en sus territorios nacionales.

Polonia y Hungría, a las que deberían unirse de forma natural, al menos, la República Checa y Eslovaquia, ‘conspirarían’ pararalentizar el proceso de integración de la UE. En cuanto al ‘enemigo’, no cabe duda de que sería el gobierno de Angela Merkelen primerísimo lugar.

“Europa y el mundo necesitan una Alemania más sensata, flexible y tolerante”, sostiene el periodista Stanislav Stremidlovsky en su análisis de la nueva ‘alianza’ para la agencia de noticias rusa REGNUM. “Esa “Alemania diferente” es Austria. La historia ha demostrado que los imperios austriaco y luego austro-húngaro se caracterizaron por su capacidad de aplicar reformas, por sus firmes políticas nacionales y por su conocimiento del rival cuando trataban con el Imperio Otomano”.

Si ni siquiera unidos podrían resistir la potencia de sus ricos socios en la UE, Stremidlovsky sospecha que el as en la manga de este eje sería un acercamiento a la Rusia de Putin, salvando los tradicionales recelos de Polonia frente a su vecino del Este. Con independencia de rivalidades históricas, parece obvio que la visión antiglobalista de Putin lo convierten en un aliado táctico de hecho frente a una Bruselas con prisas para diluir las esencias nacionales de sus socios, empezando con su agresiva política de acogida de inmigrantes y refugiados.

La situación es explosiva en toda Europa con respecto a los ‘refugiados’ llegados a millones a nuestras fronteras, pero esespecialmente preocupante en Alemania, donde ya han entrado más de un millón y se espera que este año llegue una cifra equivalente. Todo lo que podía salir mal está saliendo mal, todo lo que anunciaban los peores agoreros se está cumpliendo, y todas las perspectivas color de rosa que vendieron a sus pueblos los líderes políticos y mediáticos ha resultado trágicamente falso.

Pero los sucesos de Nochevieja en Colonia y otras ciudades europeas, con ese juego practicado por los inmigrantes, el infame taharrush gamea del que cada día se conocen nuevos detalles, unido al intento de encubrimiento por parte de las autoridades, parece haber marcado un punto de inflexión en la crisis. Los europeos, sobre todo los alemanes, están abriendo los ojos y reaccionando a lo que ya ven muchos como la traición de sus dirigentes.

Las manifestaciones que se produjeron al día siguiente -y que fueronreprimidas con más efectivos que los asaltos masivos-, organizadas por grupos antiinmigración, convocaron a más asistentes que nunca y fue imposible ignorarla como lo han sido las anteriores.

Pero la reacción va más allá, aunque en buena parte quede bajo el rádar de los medios. De hecho, las manifestaciones son minoritarias y llama más la atención la relativa calma con que los alemanes se han tomado el engaño de sus autoridades y el abuso de sus mujeres. Pero por debajo de esta calma hay miedo e ira, como ha comprobado el diario Frankfurter Algemeine Zeitung (FAZ) con un sencillo pero ingenioso medio: consultando las búsquedas en alemán en Google de la expresión ‘spray de pimienta’: el salto en la gráfica en los últimos días es espectacular. Incluso las ventas de este producto, pensado para neutralizar violadores en un país donde no existe el derecho a portar armas de fuego, ha desaparecido de las tiendas después de un aumento del 600% de las ventas. Los fabricantes confiesan haberse quedado prácticamente sin existencias por el aumento de la demanda en las 6-7 últimas semanas, es decir, antes del asalto múltiple en Colonia.

“Ya está montada la escena para que se produzca la tormenta política perfecta en las próximas semanas y meses”, señala en la revista Chronicles el analista Srdja Trifkovic. “La ola migratoria seguirá en abril, a menos que se soborne al presidente islamista turco Rejep Tayyip Erdogan para que la detenga, algo que no va a hacer aunque se quede con el dinero. El establishment estácomprometido con su proyecto suicida: el ministro de Justicia de Alemania, el socialdemócrata Heika Maas, aseguró que era “completamente absurdo” considerar los delitos masivos de Nochevieja como prueba de que los refugiados no se integran en la sociedad alemana. Millones de alemanes no parecen pensar igual, aun cuando Merkel sigue negándose a fijar límites al número de futuros inmigrantes, que según cifras de la Comisión alcanzarán los tres millones para finales de año”.

Uno de los efectos esperables -la radicalización de las posturas- ya ha empezado, y si el principal grupo restriccionista, Pegida, y sus sucursales son aún muy minoritarios, sus efectivos no paran de crecer y, sobre todo, empiezan a pasar a la acción. En Leipzig un grupo de 250 ‘vándalos’, en palabras de la policía, recorrieron las calles quemando coches y rompiendo escaparates mientras se comprometían a gritos a combatir la “yijad sexual”. “Estás bandas de musulmanes nos han declarado la guerra al mismo tiempo en Colonia, Hamburgo, Stuttgart y otras ciudades”, declaró a los periodistas Tatjana Festerling, miembro de Pegida. “Y eso fue solo el principio”.

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